Los compañeros que a lo largo de estos años han tenido contacto con el capitán Álvaro García Jiménez hicieron piruetas estos días para estar en Córdoba. Permisos, libranzas o vacaciones para turnarse y acompañar a la familia de este enfermero militar de 32 años que es el último cadáver del accidente de tren que terminó con 43 vidas el pasado domingo. Su cuerpo se encontró este jueves después de comer al fondo del alud, entre los restos del tren Alvia. Hasta entonces, todavía mantenían la esperanza.
Álvaro nació en Ceuta hace 32 años, «era enfermero por vocación, lo mismo que militar, que ingresó porque en Ceuta el contacto de la ciudadanía con las Fuerzas Armadas es diario», explicaba ayer por teléfono uno de estos compañeros que ha estado con su familia días alternos. Su viaje en el tren era el trayecto final de unos días felices. El capitán viajaba con otra compañera, enfermera militar como él y destinada en Viator (Almería), con quien había pasado unos días de vacaciones en Costa Rica. «Mandaba vídeos en tirolinas, en la selva, y yo le decía, ten cuidado no te pase nada», recuerda su amigo por teléfono. Ella se encuentra en ingresada en la Unidad de Cuidados Intensivos del hospital Reina Sofía de Córdoba tras el accidente. Él no tuvo la misma suerte.
Destinado en el II Tercio Duque de Alba de la Legión, las fuentes consultadas por este diario y que piden no poner su nombre, pues el Ejército de Tierra no ha autorizado ningún comentario, coinciden que en la ciudad autónoma «lo quiere todo el mundo» y que su vitalidad es un recuerdo que se llevan los compañeros a otros destinos. «Ceuta, muchas veces, es un primer destino donde permaneces tres o cuatro años, después te vas a la Península, pero como él es de allí, permanece y tiene contacto con muchos que van y vienen», describe un amigo cercano, que cuenta que eran compañeros de cuartel, pero también «de muchísimos planes fuera del trabajo».
García era «la alegría hecha persona, una cosa tremenda», describían ayer por la mañana, todavía en presente y con un mínimo de esperanza. «Estamos a la desesperada, no aparece y es algo extraordinario, dicen que dentro de los vagones no estaba, pero buscan y no lo encuentran», confiesan. Según sus palabras, además del apoyo que están prestando los compañeros a los padres de Álvaro, «la Unidad Militar de Emergencias se está volcando, nos informan al minuto de cada paso que dan», comentaban.
Fueron ellos quienes les informaron del hallazgo del cuerpo, junto a otra víctima, al fondo del alud, a la hora de comer. No hizo falta una identificación por ADN para comunicar a la familia las malas noticias. En seguida, el Ejército de Tierra publicó un tuit en su cuenta de X: «Condolencias a los familiares y allegados del capitán enfermero Álvaro García Jiménez, destinado en el Tercio Duque de Alba 2º de la Legión en Ceuta , fallecido en el trágico accidente ferroviario de Adamuz (Córdoba).Descanse en paz. Nuestro apoyo y cercanía en estos momentos de dolor», postearon.
Hasta noviembre, Álvaro estuvo de misión en Irak, donde formó parte del Elemento de Apoyo Nacional (NSE) del contingente español. En esta misión, en la que se trata de fortalecer a las fuerzas de seguridad iraquíes y las instituciones de enseñanza militar mediante la capacitación y el asesoramiento, Álvaro demostró una vez más su vocación: «Es el auténtico enfermero militar, no de estar en el botiquín sino de salir al campo, se iba donde hacía falta, y visitarle en el botiquín era un gusto porque siempre tenía buena actitud, era algo totalmente extraordinario», describían.
Han pasado cuatro días desde el accidente para que la UME encontrara al capitán, al fondo del talud entre los restos del Alvia. Sus padres viajaron desde Ceuta a Adamuz el lunes y desde ese día, los compañeros de Álvaro se turnan para estar con ellos, para sostenerles.